Dibujaré con versos
el rubor de tu cielo,
el día que mis manos
logren acariciarlo.
Tal vez consigas olvidar,
el ámbar miel de mis mañanas
y el carmesí de mis ocasos...
Pero siempre, siempre en invierno,
añorarás nuestros abrazos.
Comienzo el nuevo año
con nada de promesas,
sólo con entusiasmo.
Voy ligera y camino
sin lloros, sin protestas...
Son más firmes mis pasos.
Ansío vivir en tus mañanas
y desfallecer en tus ocasos.
Adherirme a tu piel con mis ganas...
¡Qué ganas de estar entre tus brazos!